jueves, 3 de noviembre de 2011

¿USTED SABE PERDONAR?

Perdonar es, sin duda, uno de los temas más duros de la vida. A su alrededor se han creado toneladas de malentendidos y no pocas enfermedades asociadas a seguir siendo víctimas de quienes nos han herido. Perdonar es paz y comprensión que se siente en el presente. No significa olvidar o negar las cosas dolorosas ocurridas, pero tampoco de que las cosas malas arruinen nuestro presente, aun cuando hayan arruinado nuestro pasado. Confesémoslo: el perdón está bloqueado con nuestro orgullo; por este afán de Justicia orgullosa no queremos soluciones, sino humillaciones para el otro. ¿Que pretendemos? ¿Vengarnos? ¿Demostrar que somos seres superiores? ¿Queremos saciar nuestra rabia y dar riendas sueltas al odio? 
El perdón rompe las ataduras de la represión y la depresión. Libera el espíritu de los lazos del pasado. Como humanos, nuestras limitaciones provienen del alma herida. Esta herida puede haber sido intencional o accidental, pero el hecho es que menoscaba la vitalidad. Si ha sido tan grave, el trauma invade toda nuestra vida y la arruina. Estamos diseñados para absorber y transmitir amor. Cuando somos víctimas de un acto ofensivo, cuando algo o alguien ensombrecen nuestra capacidad de amar, sangramos y quedamos con el alma rota. Los que conservan la capacidad de amar no son capaces de herir, dañar, mutilar o matar; porque no pierden su poder de ponerse en el lugar del otro. Pero ¿Cómo perdonar lo imperdonable? ¿Cómo desprender el cuchillo de la mala voluntad clavado en nuestros corazones? ¿Cómo liberarnos del resentimiento que nos ha atormentado durante años? Es un acto de amor, de mucho amor a sí mismo. El perdón cura la pena, trae reconciliación a lo que se ha quebrado dentro de uno. Un acto de perdón puede ser silencioso, tiene poco que ver con la otra persona. No importa si ésta se entera o no de la liberación que experimenta al despojar su ira. Cuando perdona, libera, se libera a sí mismo. Si es la amistad la causante del daño, regrese al inicio, a ese tiempo en que era uno más cruzándonos en el camino de la vida sin ningún acercamiento especial con su ofensor. Si a quién le dio la mano le muerde una vez, lo hará otra y muchas veces más en nombre de esa pretendida “amistad”. Es más beneficioso poner fin a un acercamiento equivocado que guardar rencor o convertirse en su víctima. Y cuando logra esto, ocurre algo mágico: usted se siente libre. No interesa en absoluto si la otra persona o el suceso penoso, merecen su perdón. Lo valioso es que se desprenda de su propia telaraña de negatividad y restaña la herida, abra su corazón y recobre su capacidad de amar y confiar.
¿Por qué tanto enfrentamiento entre paisanos y familias? ¿Cuántos conflictos se han judicializado? ¿Para qué? ¿Qué buscan los generadores de conflictivos? Los que han sido heridos, a su vez devuelven el golpe hiriendo a otros y extienden la sombra de su pena desperdigando el desamor que parte de su alma maltratada. Si una acción es cruel, no hay nada en el mundo que la justifique, puesto que hacer daño a otros es dañarnos a nosotros mismos, es sembrar pena a su paso, derramar dolor ante otros. Aprenda a perdonar y perdonarse y vivirá muchos años más en perfecta armonía con su conciencia. 

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