sábado, 17 de agosto de 2013

SABÍAS QUE NO EXISTE NADIE IGUAL A TI

¿Se ha detenido alguna vez para pensar en el ser humano sorprendente, excepcional y sobresaliente que somos? De toda la gente que alguna vez vivió en este planeta, ni uno de ellos fue exactamente como nosotros.  Ninguno que vivió antes tuvo las habilidades, límites, talentos, apariencia, felicidad, tristezas, oportunidades, cargas y posibilidades que tenemos nosotros.
Ninguno tiene exactamente los mismos pensamientos que nosotros.  Nadie busca exactamente como nosotros.  Nadie ora como nosotros.  Nadie ama a las mismas personas que nosotros.  Aún aquellos que se ríen como nosotros, no estornudan como nosotros. Los que lloran como nosotros, no tienen las mismas tristezas que nosotros.  Los que sonríen como nosotros, no conocen los mismos gozos.
Nadie antes y ninguno por venir tienen nuestros dones.  No fuimos creados para ser como ningún otro.  No necesitamos cambiar para demostrar que somos diferentes.  Fuimos creados especiales.  En ningún momento de la historia pasarán las mismas cosas en la mente, alma y espíritu de ninguno que las que experimentamos nosotros en este momento.
Si no existiésemos, habría un vacío en la vida de los demás, un cambio en su historia, un agujero en la creación y algo faltaría en el plan de Dios.  Añoremos nuestra unicidad; es un don dado a nosotros de manera única.
Nadie puede hablar nuestras palabras.  Nadie puede derramar nuestras lágrimas.  Nadie puede impartir nuestra alegría y gozo ni expresar nuestra sonrisa.  Nadie puede impactar como nosotros el corazón de otros.  Nadie puede tomar nuestro lugar.
El don de la unicidad nos fue dado para compartirlo y disfrutarlo; que nos instruya e inspire.  Toquemos a otros con nuestra vida, compartámonos a lo largo del camino de la vida.  Somos un don único de Dios a este mundo. 

Reflexión: Hoy somos como un vaso de agua fresca en medio de una cultura que tiende a clasificarnos y “cosificarnos” para efectos de sus iniciativas de mercadeo y consumo. (Ej. YO SOY) No tenemos—y en realidad no podemos—ser otra persona; Dios nos creó únicos con propósito.  Somos como piezas de un enorme engranaje, donde absolutamente todas las partes necesitan funcionar como fueron diseñadas para que nuestro mundo siga adelante.  El problema es que la mayoría de nosotros anhela ser otra persona…deseamos ser como otros, invalidando de esa manera no sólo los planes del Señor para nuestras vidas sino también robándole una bendición a nuestra generación.  Atrevámonos a ser nosotros mismos y permitamos al Señor usarnos para Su gloria… ¡Adelante! (Raúl Irigoyen)

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